martes, 30 de noviembre de 2010

Síntesis de las ideas económicas precedentes

La crematística tardomedieval está basada en las ideas preconizadas por Platón y Aristóteles 2000 años antes. Estos dos filósofos griegos, aunque tenían en muchas cosas ideas muy diferentes, coincidían en su aversión al dinero. Eso se explica en parte por el hecho histórico de que el dinero fue creado unos cien años antes en Lidia, Asia menor, y ambos eran muy tradicionales y conservadores. La única manera ética de comerciar era el trueque: te cambio mi vaca por tus cinco corderos. Pero vender hoy mi vaca por 10 monedas de oro y comprar la semana entrante tus cinco corderos era contrario a la ley natural. Pero lo más horrible era el intercambio de dinero por dinero; te doy hoy 10 monedas de oro y el año que viene en este día me entregas 15 monedas de oro. Esto de cobrar intereses, el comercio del dinero por el dinero, como decía Aristóteles, le parecía horrible. No les importaba la acumulación de bienes digamos naturales, pero les parecía horrendo la acumulación de dinero. Pero Tomás de Aquino aceptaba, como hijo de su época, el dinero como medio de intercambio, pero no como fin del mismo, o sea, aceptaba las operaciones comerciales pecuniarias pero no los préstamos a interés.

A Santo Tomás de Aquino y sus seguidores, principalmente clérigos, el único comercio conforme a la ley natural y a la de Dios es el que se realiza entre el productor y el comprador final, y a un precio justo. ¿Como se determina el precio justo? Ninguna pista. No se si es por casualidad que a finales del siglo XX surgió el movimiento por el comercio justo. Pero no divagemos. El Tomismo denigra el pecado de la usura y la acumulación de riquezas.

El mercantilismo nació tras el descubrimiento de América y los tesoros (oro y plata) encontrados en el nuevo continente. Los mercantilistas suponían que el comercio mundial era fijo y que no podía crecer. La obligación de los gobernantes era conseguir, vía comercio exterior, la mayor cantidad de metales preciosos (oro y plata). España, que tenía amplias posesiones en el continente americano y, por lo tanto, minas, se limitaba a extraer y llevar a la península el oro y la plata. Por lo tanto los únicos problemas que tenía eran los piratas y corsarios. Los otros estados procuraban obtener un saldo favorable de la Balanza comercial, es decir, que las exportaciones fueran mayores que las importaciones. Se promocionaban las exportaciones y se trataba de restringir las importaciones mediante la imposición de aranceles a estas últimas. La política económica de establecer altos aranceles a las importaciones se denomina proteccionismo. El mercantilismo, más que un sistema de ideas, fue un sistema de prácticas políticas realizadas por los gobernantes de la Europa occidental durante los siglos XVI a XVIII, ambos inclusive. En la segunda mitad del XVIII el mercantilismo ya estaba en franca decadencia, especialmente tras la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith.

Los mercantilistas confundían la riqueza con el dinero (en aquel entonces oro y plata o monedas constituidas de estos dos metales). Como no consideran que la riqueza mundial pueda crecer, lo que un país gana lo pierde otro. El fin del Estado es acumular reservas de oro y plata. Prohibieron exportar estos dos metales o monedas hechas de ellos. El motivo por el que confundían los metales preciosos con la riqueza es que las naciones, en la conformación de los Estados-nación, peleaban entre ellas en interminables guerras. La mayoría de los ejércitos estaban constituidos por mercenarios, y a estos había que pagarles con oro y plata. Como medida alternativa a los altos aranceles y el proteccionismo, los mercantilistas promovían el pago de altas tasas de interés para que los ricos comerciantes de otros países trajeran su oro y su plata.

Los distintos estados nacionales se implicaron en la promoción del comercio exterior, mediante aranceles, prohibiciones (como la de exportar metales preciosos o monedas que lo contengan), y en las últimas décadas, la promoción de industriales reales en algunos países como España y Francia, para lo que se prohibía la exportación de materias primas como la lana.

La fisiocracia afirmaba la existencia de una ley natural por la que la economía funcionaría sola sin la intervención del Estado, la cual repudiaban. Fueron los primeros propugnadores del laissez faire. Fueron los primeros que se opusieron al mercantilismo.

La escuela clásica de economía: Adam Smith (1723 - 1790), David Ricardo (1772 - 1823), Thomas Robert Malthus (1766 - 1834) y John Stuart Mill (1806 - 1873). Los postulados (yo prefiero la palabra hipótesis) de la economía clásica son:

  1. competencia perfecta en los mercados
  2. los mercados funcionan perfectamente, es decir, los precios y salarios son flexibles tanto a las variaciones de la oferta como de la demanda, tanto al alza como al alta. En economía, recibe el nombre de elasticidad. Esto significa que, ante cualquier aumento de la demanda de un artículo (permaneciendo la oferta inalterada), el precio aumenta. Los mismo pasa cuando la oferta baja (permaneciendo la demanda inalterada). Cuando la demanda baja (con la oferta inamovible) el precio baja. Cuando la oferta sube y la demanda no varía el precio desciende también. Basta con ir a un mercadillo callejero de frutas y verduras. Cuando los que vendieron toda su mercancía se van, quedan aquellos que aún les quedó mucho género por vender y acuden los compradores que priman el precio sobre la calidad. Entonces se puede encontrar buenas ofertas. Resumiendo, si la oferta es mayor que la demanda, el precio baja; y si la oferta es mayor que menor que la demanda, el precio sube. Es la famosa ley de la oferta y la demanda.
  3. la economía clásica en sus primeros autores no considera otros mercados más que los de bienes y de trabajo. Después surgen las consideraciones acerca de los mercados de capitales (la bolsa), de préstamos (bancario), etc. A finales del siglo XX nacen otros mercados más sofisticados como los de futuros, de seguros de deudas (CDS), etc.
  4. el mercado de trabajo funciona igual que cualquier otro mercado; el trabajo es una mercancía más. Los trabajadores venden su fuerza de trabajo y son los oferentes. Los empleadores son los demandantes. El salario (que no es más que el precio del trabajo) aumenta cuando su demanda aumenta (cuando más empleadores buscan más trabajadores de los que hay) o su oferta disminuye (cuando escasean los trabajadores). El salario disminuye cuando su demanda disminuye o su oferta aumenta (Este punto es muy importante y el lector debe recordarlo).
  5. El nivel de producción de una economía está al nivel de pleno empleo de los factores de producción (capital y trabajo). Esto significa que no hay desempleo o subempleo y que todas las máquinas e instalaciones están ocupadas al 100% de su nivel de producción. Esto tiene que ver con la Ley de Say, de la que hablaremos más tarde.
  6. En la actualidad se considera que el precio y la cantidad realmente vendida, en cada momento, se determina por el cruce de las funciones (teóricas) de la oferta y la demanda. Sin embargo, los clásicos consideraban que la producción y el nivel de empleo vienen determinado por la oferta, y el precio por la demanda. La oferta es una línea vertical determinada por el nivel de pleno empleo. Dicho de otro modo: cuando se reduce la oferta, se reduce el nivel de empleo por debajo del nivel de pleno empleo; cuando aumenta la demanda, aumentan los precios. El gráfico se puede ver en este enlace, pero yo lo bajo y lo subo aquí:
    Este punto es importante para entender lo que realmente es el neoliberalismo y diferenciarlo del keynesianismo. Se dice que el clasicismo, el neoclasicismo, el marginalismo (o la escuela austriaca), el monetarismo y el neoliberalismo son escuelas de la oferta, porque la oferta es la que determina el nivel de empleo, mientras el keynesianismo es una escuela de la demanda, porque la oferta y la demanda determina tanto los precios como el nivel de empleo. Fíjese el lector que en el eje vertical dice Price (precio), y en el eje horizontal pone Quantity (cantidad). Esto es porque se trata del mercado de un solo producto, por ejemplo, sillas de madera estilo provenzal. Pero con su debido razonamiento se podría trasladar a la situación de un país, donde en el eje vertical pondría nivel general de precios (en plural) o IPC en España. En el eje horizontal pondría PIB deflactado (vendría a ser un índice que representaría las cantidades vendidas de todos los artículos de un país).
  7. la política monetaria es ineficaz; el dinero no sirva para nada más que para comerciar y no influye en las variables reales, como la producción o el empleo.
  8. como la producción está siempre al nivel de pleno empleo de los factores (capital y trabajo), la política fiscal sólo sirve para aumentar los precios.
  9. el Estado no debe intervenir en la economía, ya que esta funciona perfectamente bien al nivel de pleno empleo (laissez faire).

En realidad los puntos 5, 7, 8 y 9 son conclusiones más que presupuestos, pero yo los mezclé unos con otros. Desarrollemos algunos de estos puntos para aclararlos un poquito mejor.

El mercado de competencia perfecta está muy bien explicado en el enlace de Wikipedia. Pero por si alguna vez desaparece o es modificado, explico lo que es competencia perfecta. Añado dos condiciones más (las dos últimas) provenientes de este enlace de Wikipedia en inglés: perfect competition. El lector novato quizás no entienda todo, pero lo más importante es que comprenda que estas son las condiciones ideales en que las fuerzas impersonales del mercado funcionen.

El mercado de competencia perfecta:

  1. es un mercado donde hay muchos vendedores (oferentes) y muchos compradores (demandantes), por lo que ningún vendedor o comprador tiene influencia sobre el precio. Dicho de otro modo, si un oferente retira su oferta del mercado, como esta es insignificante con respecto al volumen total ofertado, el precio no sufre variación alguna significativa. Lo mismo pasa con respecto a los demandantes. Por decirlo de otro modo, los precios están dados por eso tan impersonal llamado mercados, ahora puesto tan de moda en relación a los mercados financieros y sus ataques a la deuda pública y cotizaciones de acciones de Grecia, Irlanda, Portugal y España.
  2. Los oferentes venden un tipo de producto homogéneo y que es perfectamente sustituíile el uno por el otro. Dicho de otro modo, 1 kilo de trigo es exactamente igual a otro kilo de trigo.
  3. Los compradores y demandantes tienen información completa y gratis sobre el mercado, que es completamente transparente. Todos los compradores y vendedores tienen la misma información sobre los precios y cantidades. Dicho de otro modo, no hay ningún tipo de información privilegiada que de ventaja a uno sobre otro. Adquirir la información sobre los precios de un producto es gratis, no tiene coste alguno.
  4. No hay barreras de entrada o de salida del mercado. Cualquier vendedor puede entrar en el mercado completamente gratis.
  5. Movilidad perfecta de los factores capital y trabajo: en el mercado de harina de trigo, si un molinero no gana dinero y decide transformar su molino en una curtidumbre, el coste de transformar el molino en curtidumbre es cero. Si un trabajador no encuentra trabajo en su ciudad, la abandonará y se mudará a otra a un coste cero.
  6. No hay costes de transacción en las operaciones de compra y venta. Ni notarios, ni registradores de la propiedad, ni corredores de bolsa, ni comisiones bancarias, ni comisionistas, ni vendedores profesionales, etc.
  7. Maximización del beneficio: las empresas producirán y/o venderán sus productos hasta que el coste marginal se iguale al ingreso marginal. En este punto obtendrán el máximo beneficio.
  8. Los rendimientos constantes a escala garantizan que hay suficientes firmas en el mercado.

En un mercado de competencia perfecta el precio de un artículo igualaría al mínimo coste al que podría producirse el artículo. Esto significa que el beneficio de las empresas es igual a cero. En realidad el coste incluye (además de los costes salariales, de materias primas, energía, etc.), el coste de oportunidad del capital (Joan Robinson los llama beneficios normales). El coste de oportunidad del capital sería, o bien el coste de alquilar las máquinas utilizadas, o bien el beneficio normal que el empresario obtendría si pusiera el dinero que valen las máquinas en un plazo fijo en un banco o comprando deuda pública (inversiones con poco riesgo y poco beneficio). Entonces, el beneficio contable de las empresas (todas las empresas obtendrían el mismo porcentaje de beneficios) sería exactamente igual al que se obtendría por el mejor coste alternativo. Por tanto, en el mercado de competencia perfecta se obtendría el precio de mercado más bajo posible. También se podría decir, aplicando la terminología de Joan Robinson, que cuando el mercado no es de competencia perfecta (lo opuesto es el monopolio), el beneficio de las empresas monopólicas es superior al de las empresas sometidas al mercado de competencia perfecta. Esta apreciación es más intuitiva. En resumen, en un mercado de competencia perfecta sale beneficiado el consumidor con el precio más bajo posible, y en un mercado de monopolio, el único productor obtiene el precio mayor que garantiza las ganancias mayores.

Ahora bien, ¿es razonable decir que existen mercados de competencia perfecta? Más arriba decíamos que los escritores clásicos hablaban siempre del trigo y nunca de otros productos. Las causas son dos:

  1. Porque un grano de trigo, a efectos prácticos, es indistinguible de otro.
  2. Porque el pan era la base alimenticia de la depauperada clase obrera británica del 19, como el arroz lo fue del campesinado chino. Si la escuela clásica de economía hubiera nacido, en vez de en Gran Bretaña, en China, sin duda que hubieran elegido el arroz, que en definitiva es otro cereal tan inidistinguible como el primero.
Pero solamente nos interesa la primera, y nos olvidamos de la segunda. Piense un poquito en la publicidad. ¿Para que se gastan tanto dinero las multinacionales y las grandes empresas en publicidad? Todos tenemos una idea aproximada de la causa. Para vender más. ¿Y como lo hacen? Anulando la primera causa, para escapar de la prisión de los mercados de competencia perfecta. Ya hemos dicho que en estos mercados el productor u oferente obtiene el precio más bajo y, por lo tanto, el beneficio más bajo.

PD: He metido aposta el neoclasicismo dentro de las economías de la oferta, aún a sabiendas de que esto no es así. Tengo dos razones para hacerlo así:

  1. no pretendo hacer una clase de teoría económica, sino al contrario, explicar de la manera más clara posible la génesis del neoliberalismo.
  2. las escuelas marginalistas, especialmente la austriaca, apoyan el laissez faire y el liberalismo económico. Los economistas más tardíos de la escuela austríaca emigraron en los años previos, durante o tras la segunda guerra mundial, a los Estados Unidos, donde se integraron al sistema universitario de aquel país. El más claro exponente fue Frederick Hayek, quién en los 50 emigró a los EEUU y dio clases en la Universidad de Chicago, y uno de sus alumnos fue Milton Friedman, padre de la escuela monetarista neoclásica e iniciador de la Escuela de Chicago.

¿A que conduce todo este rollo que he soltado? ¿Que pretendo mostrar al lector? Cuando se empezó a hablar de la economía como ciencia, se pretendió acercarla a las ciencias de la naturaleza, especialmente a la física teórica. Se pretendió usar las matemáticas para, en primer lugar, hacerla ininteligible al lector no especializado; y se quiso establecer unas hipótesis iniciales o presupuestos, y usando el razonamiento, llegar a unas conclusiones que se daban por ciertas. Igual que un físico teórico es capaz de predecir que, si subes a la torre de Pisa, y dejas caer una bola metálica de 100 grs. de peso, tardará equis segundos en alcanzar el suelo, se supone que de esta manera de obrar en economía, sucedería lo mismo.

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